Los 9 puntos para mejorar profesionalmente

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El Centro de Estudios del Coaching (CEC) ofrece nuevos puntos de vista con los que cambiar la forma de ver el trabajo y desde los que mejorar profesionalmente

El Centro de Estudios del Coaching (CEC), la escuela de formación en coaching y liderazgo, propone una serie de reflexiones para reformular la vida laboral. “Cuando cambiamos nuestro lenguaje, modificamos nuestro pensamiento y también nuestras acciones”. señalan Miriam Ortiz de Zárate y José Manuel Sánchez, socios directores de la organización.

Estas reflexiones son fruto de las llamadas distinciones, una de las herramientas más potentes de coaching que Miriam Ortiz de Zárate recopiló y plasmó en el best seller ‘No es lo mismo’, publicado en 2010.

Cambiando el chip para trabajar mejor

  1. No hay que intentarlo, ¡hay que hacerlo! Hay una importante diferencia de matiz entre “voy a hacer este proyecto” y “voy a intentar hacer este proyecto”. La palabra “intentar” lleva implícito un compromiso a medio gas y supone una especie de puerta de escape por la que huir al primer contratiempo. Para aquellos proyectos con alguna dificultad añadida, el intentarlo se puede quedar pequeño. Se va necesitar la determinación y la energía para transformar los meros intentos en acciones muy reales.
  2. Ser responsable, no víctima. Cuando se adopta la perspectiva de víctima tanto el problema como sus soluciones son ajenos a uno mismo y descansan en un tercero: ¡el culpable! Lo mejor que se puede hacer por uno mismo es abandonar el rol de víctimas e identificar nuestra parte de responsabilidad, aunque ésta sea mínima, en esa situación tan desagradable que se está viviendo. Este cambio de foco hará que disminuya el sentimiento de impotencia y aumentará el sentimiento de capacidad de afrontar cualquier situación.
  3. Mejor pedir ayuda que manipular. Pedir ayuda no siempre es fácil, enfrenta a una incómoda sensación de vulnerabilidad en la que se muestra una debilidad. Pero reclamar ayuda no solo es sano, sino que en muchas ocasiones es necesario para que los proyectos prosperen y los equipos evolucionen. Favorece las relaciones laborales y las hacen crecer. Y es que cuando se pide ayuda, se está reconociendo implícitamente los recursos del otro y poniendo las necesidad de uno mismo sobre la mesa de un modo transparente y claro. Justo lo contrario de manipular.
  4. Hacer… pero sobre todo ser. La sociedad tiende a valorar a la gente más por lo que hace que por lo que realmente es. Vivimos en una vorágine de movimiento continuo en la que parar parece estar penalizado. Pero tener un autoconocimiento sólido y ser genuino son elementos transversales que aportarán coherencia, solvencia y valor diferencial a cada una de las acciones en el trabajo. Y ese estatus solo se alcanza sabiendo bien quiénes somos y comportándonos de acuerdo a ello, es decir, siendo uno mismo.
  5. La pasión llega a donde no llega el sacrificio. Somos de la cultura del esfuerzo, parece que las grandes cosas solo se consiguen a base de sangre, sudor y lágrimas. Pero afortunadamente la realidad es mucho más amable que todo eso. Cuando se hacen las cosas con pasión aumenta la capacidad de esforzarse más y de renunciar a mucho, por lo que el resultado será mejor y el camino mucho más agradable. Disfrutar con lo que se hace es la diferencia entre trabajar con arreglo a nuestros límites o directamente pulverizarlos.
  6. Cambiando el sueño por la visión. Todos soñamos, tanto en el trabajo como en nuestro ámbito personal. Pero algunos además ponen en marcha acciones para hacer realidad sus fantasías, en cuyo caso ya no se está ante un mero sueño, sino ante una visión. Al ponerse manos a la obra se está un poco más cerca de lo que realmente se desea y nos quitamos de encima el regusto amargo de la frustración.

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